jueves, 5 de junio de 2014

PALABRAS QUE ME LLEVAN

Hay palabras que me llevan hacia ti
e irremediablemente
un bosque virtual
de robles recién tallados
aparece en la impronta de mis retinas.
La madera tiene olor a vida,
tu lápiz me descubre
doses con formas de patos
que dibujabas en cadenas,
ante mis ojos asombrados .
Y ahí te quedas, preguntándome cómo salir
de esa dimensión para llegar a mi niñez.
Hay palabras que me llevan hacia ti,
y el café me devuelve al lugar
donde  mi físico aguarda,
mesa de mármol, testigo de múltiples
conversaciones de paso,
vacíos pretextos de pocos minutos. 
Seguramente nunca pensaste
que tanto te recordaría…
pero hay palabras que me llevan hacia ti.

SafeCreative
4 de Junio de 2014
Inmaculada Jiménez Gamero



domingo, 1 de junio de 2014

EL AMOR DE DICE DE MUCHAS MANERAS

El amor se dice de muchas maneras…
Te he dicho que te amo
con el susurro que desde mis labios
plasmó en adiós, un hasta luego.
Te he dicho que te quiero
con la razonable lágrima
que supuso un temor a perderte.
Con el frío de mis pies pacientes
esperando en el lugar donde los trenes
se olvidan de su existencia.
Te he dicho que te amo
con la piedra del camino
gira girando de paseos compartidos,
andar  rodando de los años.
Con el trazo abstracto de letras
emborronadas por descuido.
Te he dicho que te quiero
compartiendo lo que no había
y llenando mares de lágrimas
que anegaban todas las avenidas.
Con las mieles de brezo tardías,
con mi boca hecha silencio
que por callar ahoga,
y  acuchillando aquello
que fuese una amenaza de lamento.
Te he dicho que te amo
regalándote mis manos
pobre muestra inadvertida
de tanto trabajo vano.
Hallándote palabras de esperanza
cristal roto tantas veces…
Te he dicho que te quiero desde aquí
y desde otra vida que no encuentro,
desde mi hálito final de amapola enardecida
y desde la ceniza gris que seré algún día.                 
Te he dicho que te quiero
con el corazón doliente y muerto,
con el estómago escondido,
con los párpados cerrados
callando y gritando mientras vivías,
carbonizando mis sueños
en pro de tus sueños,
con la mudez de las frases en hilván,
y con el clamor de mis dedos
en tu sed de tigre recién nacido.
El amor se dice de muchas maneras.

1 de Junio de 2014
Inmaculada Jiménez Gamero
SafeCreative


  


jueves, 22 de mayo de 2014

AQUELARRE DE TUS LABIOS

FOTO PROPIA

Soy la bruja buena
del aquelarre de tus labios,
la noctambula presa de versos
que solivianta tus sueños.
Apuntalo la herida de la noche
en bacanal de estrellas fugaces,
lamiendo el deseo del instante
a quemarropa  la vida que se extingue.
Cometo el delito de quererte
arrebatándote el fuego beso a beso,
y arpía de tu cuerpo y de tu alma,
dejo que ardas lentamente.
Me muero si te mueres,
me acabo si te acabas…
no sé  qué nos depara el universo,
quizás Júpiter y Venus se alineen con la luna
y el crepúsculo brille en infinito.
Quizás nuestra esencia huya al firmamento
y no exista la muerte que entendemos.
Pero si mueres y no muero,
te espero en el cielo transparente.
Soy hechicera y te ordeno:
si muero y tú no mueres
hazme un hueco eterno entre las nubes,
y recuérdame, nunca me olvides,
Seguiré siendo la bruja buena
del aquelarre de tus labios.

Inmaculada Jiménez Gamero
SafeCreative
22 de Mayo de 2014



miércoles, 30 de abril de 2014

HORIZONTES PRESOS


Caigo sobre las amapolas
y mi silencio es un grito.
Me pregunto si las espigas
volverán a erguirse.
Si mi silencio es la muerte
y la tierra es la vida.
Caigo para fundirme,
para que me amen.
Quiero morir por los muertos
de injusticias.
Quiero vivir por los vivos
de humanidad sedienta.
Quiero beberme la vida,
quiero ser el útero libre
de los horizontes presos.

SafeCreative
Inmaculada Jiménez Gamero

30 de Abril 2014

viernes, 25 de abril de 2014

EL BALCÓN



Las calles no saben de apuros,
aunque tengan nombres,
y tengan números de tres cifras.
Las calles no saben de dolor,
pero a veces sale un balcón
y te descubre el alma…
Y sus flores humildes y ajenas
te sonríen la mañana.
A veces toda la vida
está en el balcón que sale
a tu encuentro,
y otras, esa misma calle
te engulle de puro cemento.

SafeCreative
25 de Abril de 2014
Inmaculada Jiménez Gamero


martes, 22 de abril de 2014

ABRÁZAME


Abrázame
como si no fuese suficiente
con la noche,
como si los velos
de la oscuridad intermitente
tomaran por sorpresa
el cuerpo amado tantas veces.
Como si los rayos de existencia
desapareciesen,
y la esencia de la vida
en un instante se rompiese.
Como si el adiós irrumpiera
tu pecho y se llevara tu alma,
en un suspiro transparente.
Abrázame,
morirá la noche
y estaremos vivos al día siguiente. 

SafeCreative
21 de Abril de 2012

Inmaculada Jiménez Gamero

sábado, 19 de abril de 2014

LLEGASTE




Llegaste a mi alma
cuando en tus ojos encontré
la gota de emoción
tierna respuesta sin aliento.
Llegaste a mi alma
marcador batiendo
tu corazón herido
motor sin rienda acongojado.
Llegaste a mi alma
en una brizna de aire
o segundo multiplicado
de la química de mi cuerpo.
No te vayas de mi vida
no me dejes sin mañana
sólo hay lobos
en la madrugada.

SafeCreative
18 de Abril de 2014.

Inmaculada Jiménez Gamero

viernes, 11 de abril de 2014

LOCA



Quién pudiese cometer
la locura que no encierra,
ser la loca más cabal
del albedrío de tus brazos.

Quién pudiera sostener
la locura del deseo,
ser demente de esos sueños
sin la reclusión del tiempo.

Escaparse en el lúcido viaje
que llegase hasta tu encuentro,
perderse en el sin sentido oasis
parca perfumada de tu aliento.

SafeCreative
Inmaculada Jiménez Gamero

10 de Abril de 2014

martes, 8 de abril de 2014

TE ESPERÉ


Te esperé en el “Romántico”
a la hora que me trajo el recuerdo,
todavía sentí el calor brotando
por las arqueadas ventanas.
Creo que siempre me quedé
hendida en las hortensias floridas.
Te esperé a la hora acordada, 
aunque veinte años después.
Tuvo la culpa aquel amor
que olvidó el tiempo sucedido.
Magullada la tarde imploró
en mis labios tibios sin ti.
Que no vendrías escuchó mi corazón,
cargada de olvido te esperé
entre las mismas paredes sombrías.

SafeCreative
Inmaculada Jiménez Gamero
8 de Abril de 2014


lunes, 7 de abril de 2014

REGRESO


Siempre esperé el regreso de tus labios
mientras bajaba dirección al puerto
el paseo era sólo una escusa
Barcelona un largo trayecto.
Tu mano en mi hombro
nuestros pasos de mutuo acuerdo
el mar quedaba allí quieto
siempre nos esperaría preso.
Con cualquier pretexto para amarnos
siempre esperé el regreso de tus labios
el renacer de aquel sol de tus ojos
el frescor de tus besos de agua.
El mundo me parece duro para morderlo
la vida me parece bella por momentos
y yo siempre deambulo
por otros territorios donde nunca llego.

SafeCreative
Inmaculada Jiménez Gamero

7 de Abril de 2014

domingo, 6 de abril de 2014

VIEJA CASA



Vieja casa donde quedó mi cordura,
risas de niños en la puerta del alma,
gatos azules de tejados derribados,
llenaron mis manos de la vida futura.
Bribona efeméride me saluda,
árboles rosas de perfumes recordados,  
plaza redonda, presencia transitada...
bancos en círculos sosteniendo poemas,
esquema de existencia ya borrada.
Arcaica morada subsistiendo,
cimientos sepultados de sueños,
umbrales lejanos manchados de amarguras.                   
Vieja casa, piedras de olvido
allí te quedaste, muriendo conmigo.

SafeCreative
Inmaculada Jiménez Gamero.
6 de Abril de 2014


jueves, 3 de abril de 2014

AZAHAR EN ENERO



AZAHAR EN ENERO

Ya sé que los años han dejado
naranjas en mi piel madura
de esos árboles del tiempo,
testigos del extraño campo
que huele a romero dormido.
Ya sé que fui inmortal
mientras me amaste
sobre aquel cobertor infinito
de amaneceres insistentes.
Pero hoy muero
como el azahar en enero,
y pasan los días enmascarados
oxidando los recuerdos presos,
las calles polvoreadas de abrazos,
y el aire por haberte amado.

SafeCreative 
02 de Abril de 2014

Inmaculada Jiménez Gamero

sábado, 29 de marzo de 2014

EL AMOR ES UN LATIDO DEL UNIVERSO



Entró en aquella vieja librería atraída por el olor añejo de los libros.      Las estanterías abarrotadas soportaban el peso de los siglos y parecían ceder al insoportable soborno de los años. De entre unos estantes del pasillo central le pareció ver una luz iridiscente que pronto desapareció. Movida por la curiosidad de aquella extraña luz, fue acercándose, y una vez situada frente a donde había creído verla,  asomó la nariz, pero no vio otra cosa  que no fuesen libros y más libros de autores clásicos españoles.
Contemplando aquellos maravillosos volúmenes de tapas gruesas en color vino y sus nombres impresos en oro, se percató de que entre dos de ellos sobresalía unos centímetros de lo que resultó ser,  ¡dos entradas para el Gran Teatro del Liceo, la Traviata de Verdi,  día veinticinco,  sólo faltaban dos días para tan importante acontecimiento, qué maravilla!. Si se las quedaba podría asistir a una de las operas más importantes de todos los tiempos, siempre había soñado con poder ir al Liceo, era un sueño que se encontraba en sus manos, tembloroso y de papel brillante.
Decidió salir a toda prisa, miró de reojo por si alguien pudiera verla, el pasillo se le antojó más largo y las campanillas de la puerta le sonaron más intensas que cuando entró.
Apresurada calle abajo caminó varias manzanas. El corazón le golpeaba el pecho, y su respiración jadeante se fue aminorando a medida que redujo la velocidad de sus pasos. Continuó caminando mientras iba dándole vueltas a la cabeza y decidió entrar en una cafetería,  estaba cansada y sedienta. Pidió un refresco mientras se sentaba e intentó poner en orden lo sucedido, ya que le parecía haber vivído una escena de algún cuento o leyenda en la que ella era la protagonista, no se lo podía creer.
 A los pocos segundos la llamó Oscar, el celoso de su novio.  Le preguntaba que dónde se había metido, y la reprendía por su tardanza.   Mantuvieron una acalorada discusión que mucho se temía iba a ser la última, siempre la quería tener controlada, se sentía en constante tensión por sus reacciones y sabía que él, no era el hombre de su vida.
Lucie era francesa de origen español, sus padres emigraron a Paris después de casarse, pero ella había vuelto a Barcelona para estudiar Historia del Arte. A los dos meses de llegar conoció a Oscar, de eso hacía dos años y al poco tiempo empezó a detectar su carácter posesivo.
Al principio todo fue de color de rosa, detalles y detalles que a Lucie la sedujeron y enamoraron, pero las cosas habían cambiado y ya no era como antes. Ya se lo decía su madre. -Este chico no te conviene-.       Definitivamente,  ni su educación liberal, ni su forma de ser le permitían compartir la vida con alguien que no confiase en ella.
Enfrascada en la discusión, y entre tira y afloja, salió de la cafetería.  Anduvo sin noción mientras discutían, hasta que le gritó,  -¡se acabó, no quiero saber nada de ti, hace tiempo que quería decírtelo, no te aguanto más, la merde!,  y colgó sintiendo un gran alivio.  Caminó dirección al mar con la rabia entre los dientes y gritando para sí… ¡Idiot, jaloux…!.
Después de cruzar el Paseo de Colón, casi llegando al puerto se dio cuenta que había olvidado el libro de Benedetti que estaba leyendo, y con él las entradas que había colocado en su interior. Corrió Vía Laietana arriba a toda prisa.
                                                  ………………………………………
El libro se encontraba sobre la mesa cuando tomó asiento para pedir un café, no pudo evitar abrirlo, le gustaba Benedetti,”Vivir adrede”.  En algunos de los márgenes, notas a lápiz que parecían escritas por una mujer por su dulzura y sutileza. Una de ellas decía… “Vivir en el abandono de la cordura, con la suerte de costado y un mundo extraño calándote los huesos”,  “En el deterioro del tiempo, deshidratadas las piedras, angustiadas del olvido las raíces que pelean por vivir. La vida sigue en la otra calle, juegan los niños y la ropa de colores tendida,  se zarandea con el viento”. Se acercó el libro a la nariz, e inhaló el perfume que desprendían sus páginas, tenía la costumbre de oler lo que le gustaba.
Le atrajeron aquellas notas llenas de ternura.  ¿Cómo sería aquella mujer?,  se preguntaba mientras seguía ojeando sus páginas. ¡Dos entradas para el Gran Teatro del Liceo!, aquello le confirmaba que aquella mujer era especial. Tenía que regresar al trabajo, no podía dejar en manos de cualquiera aquel libro olvidado y lo que contenía en su interior, decidió llevárselo y encontrar a toda costa a su propietaria.
Antes de salir, mientras pagaba la cuenta le preguntó a la camarera si había visto a la mujer que se había sentado en aquella mesa antes que él. La camarera, coqueteando,  le contestó que era alta, rubia y con acento francés, que era lo que mejor recordaba  de ella.
                                  ……………………………………………………………

Lucie llegó jadeante a la cafetería, se dirigió rápidamente a la mesa que no estaba ocupada, pero tampoco estaba su libro, sintió rabia e impotencia, pero advirtió que en su lugar había una carpeta que contenía unos planos de muebles, y una tarjeta de visita donde se leía, Reformas en general “Hugo” especialistas en carpintería. Preguntó a la camarera si recordaba a alguien que se hubiese sentando después de que ella marcharse, ya que había olvidado un libro muy importante. La camarera sorprendida,   le contestó que había sido un hombre moreno, de unos cuarenta años, y muy guapo,  -le dijo con una risueña complicidad y en voz baja, para después continuar diciéndole,  que él también había preguntado por ella y que llevaba un libro en la mano.
Decidió llevarse la carpeta y llamar al teléfono que indicaba la tarjeta. Al darse cuenta que la dirección estaba solo a dos calles, decidió acercarse hasta allí. Cuando llegó permaneció unos minutos observando el edificio. La fachada era decadente, con desconchones que dejaban ver el cemento en gran parte de ella, la puerta carcomida de polilla, golpeada y rayada por avatares del tiempo, dejaba ver más de tres capas anteriores de pintura, hasta llegar a la actual que era de color marrón. Los pequeños cristalitos separados por listones deteriorados solo dejaban adivinar, retales y retales de maderas y aglomerados colocados en el suelo, de mayor a menor.
-Calle de la Nau, veinticinco, otra vez se repetía el  número, era el día que se celebraba la obra de la Traviata, en numerología el veinticinco es igual a siete, el siete es mi número de la suerte, qué supersticiosa soy, -pensó.
Decidió entrar y a los pocos segundos salió un hombre de pelo blanco y ojos azul  claro, quien muy afable y atento le preguntó. - ¿Qué necesita?-    ella balbuceó unos instantes y respondió,  -necesito averiguar quién puede ser el dueño de esta carpeta, la olvidó en la cafetería “Pasado”, necesito entregársela y hablar con él, ¿puede ayudarme con los datos que hay en ella?
 El hombre miró los planos durante unos segundos y contestó, -Sí,  es Manuel Ibar, es arquitecto, me encargó unos trabajos de ebanistería. Está trabajando en el diseño de una casa y cuenta conmigo para la fabricación de unos muebles de cedro rojo. Volverá mañana para traerme unas plantillas, es puntual, me dijo que vendría a las seis de la tarde…. ¿quiere que le diga algo señorita…?.
No gracias…es complicado…yo estaré aquí a esa hora –dijo Lucie.
Salió de la carpintería con el olor penetrante de aserrín tapándole la nariz. Le recordó a su padre, ebanista muy apreciado en el barrio Sacré Coeur de Paris, donde vivían.  No había vuelto a oler así desde que su progenitor cerró el taller de Rue Muller por la enfermedad que acabó con él. Su queridísimo y adorado papa, se emocionó al recordarlo, en aquel banco donde pasaba las horas trabajando. Tuvo que enjugar sus lágrimas al recordar las vivencias a su lado, y el esmero con el que le explicaba todas la cosas relacionadas con el arte, las características de las  maderas y sus virtudes para la fabricación de los muebles.
Manuel Ibar, Manuel suena muy bien, en francés  Emmanuel…cómo sería Manuel, por su nombre y por su profesión intentó hacerse una idea preconcebida.
Pero ella lo que quería era recuperar sus entradas para la opera, mañana volvería a la ebanistería a las seis de la tarde.

Despertó con el nombre de Manuel en la cabeza, como un cántico incesantemente repetido, se imaginó sus ojos, sus manos, su voz. Calculó el momento de encontrarlo, de presentarse, de mirarse… ¿no se estaría enamorando de un desconocido… y si después de todo resultaba no ser el hombre que estaba imaginando? ¡Basta Lucie, deja ya de soñar, no cambiaras nunca!   –Se reprendió a ella misma.

Eran casi las cinco y salió a la calle decidida a pasear mirando tiendas, mientras se aproximaba a la ebanistería.
Paseó  entre la gente que iba y venía apresurada. La terraza del bar Zúrich repleta de personas que hablaban animadamente de sus cosas, parejas, amigos que se encontraban después de mucho tiempo, estudiantes con libros y carpetas, bohemios tomando notas.

Cada vez más cerca de su destino empezó a ponerse nerviosa. Todavía faltaban diez minutos para la seis y se encontraba a pocos metros de la calle. Cuando llegó, la puerta permanecía cerrada, miró por uno de los cristalitos pero no vio ningún movimiento y dudó si abrir el picaporte.  Iba a tocar el timbre redondo y antiguo sujeto por dos tornillos oxidados, cuando una mano le acarició el hombro y al mismo tiempo  escuchó decir. –Señorita.
Se giró sobresaltada con la carpeta al pecho, sujetada con ambas manos y se encontró con Hugo, el señor afable que la atendió tan gentilmente el día anterior, el mismo que continuó diciéndole. -Buenas tardes señorita,  Manuel Ibar no ha podido venir ésta tarde,  vino antes del medio día, y al explicarle que usted había estado aquí me dio esta nota para que se la entregase.  
Entre confundida y decepcionada cogió la nota sin saber que decir y tardando varios segundos en reaccionar, contestó, -bien… gracias, la leeré… hasta pronto-.

Y se fue alejando del lugar mirando el sobre un poco contrariada,  sin saber que pensar.
Al cabo de unos metros se detuvo y apoyándose en la pared abrió el misterioso envoltorio con nerviosismo, sacó la nota que había en su interior y pudo leer lo que decía.



“Solo espero encontrarte mañana en la puerta del Liceo, media hora antes del comienzo de la obra, si quieres la veremos juntos, de lo contrarío nos devolveremos lo que es nuestro. Llevaré una bufanda color naranja y tu libro en la mano, espero verte con un foulard rojo y mi carpeta”.

Era una bonita caligrafía e intentó poner en práctica lo que recordaba de un curso intensivo de grafología que hizo varios años atrás. Orden, tamaño, inclinación, sobre todo el rasgo inicial y rasgo final. El primero o nacimiento del impulso, el arranque de la acción por parte de quien la escribe y el final o alcance de objetivos y metas.  Y la firma considerada por algunos autores como una biografía abreviada. Lucie repasó dos veces más lo que había leído con el corazón un poco acelerado.

-Por qué querría Manuel ver la Traviata con ella, sería un enamorado de Verdi, -pensó. Sería una broma de mal gusto y sus intenciones nada tendrían que ver con lo que ella imaginaba, o sería un mismo latido reciproco, queriendo que se unieran. Siempre tan soñadora… -Le decía siempre su padre.
Tendrían que pasar casi veinticuatro horas para descubrirlo. 


                                            ………………………………………….

Decidió ponerse el vestido color malva. Lo compro en Rue Veron, en una tienda vintage situada en el bajos de la casa donde vivió Edith Piaf.  Fue el fin de semana que su prima Amélie fue a visitarla, salieron de compras y merendaron por el barrio de Montmartre.   No se lo había puesto nunca, a pesar de lo mucho que le gustaba, en realidad no había encontrado el momento para lucirlo y aquella era la ocasión ideal, velada en el Liceo con un hombre enigmático que la seduciría, siempre había sido una romántica empedernida.

La noche era el escenario de la armonía, dentro del vestido se encontraba cómoda y a la vez sugerente, se había maquillado un poco más de lo habitual, pero Lucie no necesitaba nada artificial para ser una belleza. Sus ojos brillaban con la transparencia de la miel pura y su pelo lacio se movía resbalando por su espalda. Decidió ponerse unas manoletinas, un tipo de calzado cómodo y sin tacón, proveyendo no resultar demasiado alta para Manuel.
La temperatura era la previsible de comienzos del verano y resultaba muy agradable. Estaba nerviosa, sus pasos eran acompasados, intentando dirigirse con una calma sostenida. Se encontraría con él, con un hombre que no conocía, que no había visto nunca, y del que tenía muy pocos datos. No dejaba de sorprenderse de ella misma, pero a veces actuaba movida por los impulsos que le dictaba su corazón.
A medida que se  aproximaba a su destino sus pasos eran más inseguros,  deseaba el encuentro de película que siempre soñó, pero su parte racional le decía que podía encontrarse con una gran decepción.
…–De todos modos, él tenía las entradas del Liceo, era la obra que deseaba ver, y nada tendría que perder. - Se dijo.   

Ya solo faltaban treinta minutos para el comienzo de la Traviata, miró calle arriba y a unos metros vio un hombre con una bufanda naranja acercándose hacía ella. Desde ese momento y hasta que se tuvieron frente a frente, ninguno de los dos retiró sus ojos del otro.  Por fin se habían encontrado.

La obra fue todo un éxito, Ángela Burlacu considerada la mejor Violeta de los últimos años levantó el Liceo de aplausos y ovaciones.  Mientras Lucie, emocionada, secaba sus lágrimas a modo de disimulo, y Manuel  la miraba con ternura.
Los presentimientos de ambos no pudieron tener mejor resultado, el amor como un latido del universo los había unido para siempre y la pasión hizo el resto.
Se lo contarían a sus hijos, y éstos a su vez a los suyos, pero la mayor incógnita, y la pregunta no contestada, fue saber… quién olvidó las entradas entre los libros.

Quizás algún día lo averiguasen.
© Safe Creative


Inmaculada Jiménez Gamero

domingo, 16 de marzo de 2014

LAS FOBIAS DEL TORERO



Decenas de veces se había preguntado cómo superar las fobias que desde pequeño le perseguían.
Durante toda su vida había intentado por todos los medíos que nadie descubriera todos aquellos miedos que lo acompañaban y que no le dejaban vivir con naturalidad.
Únicamente la madre conocía su miedo a la oscuridad y la congoja que le producía, cuando a la hora de dormir y después de darle un beso en la frente, le cerraba la puerta  sin clemencia y le apagaba la luz del dormitorio,   -¡no mami por favor, no mami!-, le suplicaba.
Recuerda con terror, la angustia, la desesperación y el sentimiento que se apoderaba de él en el preciso instante en que la luz dejaba de existir. Su corazón palpitaba queriendo abandonar su cuerpo, sus ojos se abrían con la inútil esperanza de que abriéndolos vería algo entre la opacidad más absoluta.  Por el contrarío,  otras veces los cerraba  empleando  todas sus fuerzas para luchar contra aquello que lo martirizaba y que siguió siendo así durante toda su vida.  
Beltrán era un gran torero, un héroe en el ruedo.  Su presencia llenaba las plazas, gracias a su dominio de todas las suertes,  era el matador con mayúsculas que se jugaba la vida todos los días. 
Entre sus innumerables triunfos y premios a la valentía torera, contaba con ciento veintiún Galardones de Ayuntamientos de toda España. Fue triunfador de diez Ferias Taurinas, la última de ellas, la de Almería, ganador del Capote de Paseo en Granada,  del Escapulario de Oro en Valencia, del galardón a la Faena más Valiente en Cantabria, etc.  etc.  Y hasta le habían concedido la Medalla de Oro de las Bellas Artes.
Desde que debutó en México había cortado más de 1800 orejas. Su alternativa fue retransmitida  por Televisión Española desde  Las Ventas, salió a hombros después de cortar dos orejas,  y desde entonces las más de treinta ocasiones en las que el toro lo había corneado no consiguieron amilanarlo ni apartarlo de los ruedos.
Aclamado por multitud de seguidores que lo vitoreaban por su valentía, Beltrán era incapaz de subirse a un ascensor, otra de sus fobias. Él se escondía tras frases hechas como:    -son supersticiones -, pero la realidad era otra bien distinta. Eran miedos insuperables a la oscuridad y a los espacios cerrados.
El diestro llegaba al hotel tras una gran faena y  quien llegaba en realidad era el hombre enfrentándose a sus miedos. En la soledad de su habitación lidiaba con los toros más bravos que aparecían en las tinieblas de la noche y en la opacidad de puertas que nunca se podían cerrar. Necesitaba que las habitaciones fueran  grandes  y que contasen  con varias dependencias, lo que a estas alturas de su carrera, ya consagrado, podía permitírselo, pero cuando empezó, en aquellos  hoteles de poca monta, por cualquier pueblo de Dios, había vivido más de una anécdota que guardaba en estricta intimidad.
Una noche, en un pueblo de Sevilla un apagón lo dejó al cabo del miedo y al borde del precipicio, pasó tan mala noche que peligró el gran cartel que al día siguiente compartiría en La Maestranza con el Juli y El Cordobés.   
El pueblo se encontraba en la más absoluta de las negruras.  
Beltrán en un simulado  tono de autosuficiencia, le exigió  al mozo que fuese a pedir una solución, y éste bajó a la recepción, pero no había nadie. El mozo casi a tientas y ayudado a intervalos por un mechero,  buscó velas, linternas, cualquier cosa con la que poder alumbrarse, pero nada encontró.  Salió a la calle y comprobó que el bar de la esquina estaba cerrado y a duras penas volvió a su habitación pensando que pronto se solucionaría el apagón. Entró en la habitación del diestro, pero  no vio signos de vida, por lo que  decidió que en aquellas circunstancias lo mejor sería irse a dormir.
Beltrán se había metido debajo de la cama y allí permaneció rezando el padre nuestro y el ave maría, durante las horas que duró el apagón. Cuando vio la luz del día y al intentar estirarse le crujieron todos los huesos del cuerpo, se santiguó, y se dijo,-no puedo venirme abajo-.

La última cogida en la Monumental de Pamplona, lo tuvo dos meses a la sombra. Ocurrió cuando toreaba su quinto toro.  Un mal quiebro en el tercio de banderillas le ocasionó una cornada de veinte centímetros  en el triangulo de scarpa que casi le secciona la femoral y por la que perdió tres litros de sangre.  Su estado era gravísimo según dijo unos de los doctores, después de intervenirlo quirúrgicamente.
Mientras se debatía entre la vida y la muerte, entre el túnel y la luz del fondo,  Beltrán hizo un repaso de toda su vida. De niño a torero, sin adolescencia,  ni juventud,  sin medias tintas, el todo por el todo como única opción de una vida enfrentándose al miedo.

Aquella mañana se levantó con una predisposición especial, la primera faena del día sería lidiar con el espejo. Mejor salir  del burladero de sus cuarenta y dos años.   Ya era hora de enfrentase a sí mismo. Se situó ante él  y vio al hombre que era en realidad, sentía que cualquier monosabio  tenía más valentía ante la vida que él.  A su espalda, su madre, todavía seguía repitiéndole,  -un cobarde no llega a ningún sitio-.
Mantuvo una conversación con su oponente y dejó a un lado las falsas vanidades. Allí se manifestó el auténtico, él que no se ocultaba tras el mítico ideal  del  torero que parecía tener el monopolio  de la valentía.  Allí se enfrentó ante un cobarde, ante el hombre de carne y hueso, como tantos otros hombres anónimos que se habían levantado esa misma mañana. Un actor de su propia historia, y no al matador que lidiaba toros bravos de Miura. Había llegado el día de hacer un ajuste de cuentas consigo mismo, clavar el estoque al espejo y embestir a quien allí se reflejaba,   una cura de humildad para acabar reconociendo como era en realidad. Hoy era él mismo el que se daba el toque de gracia después de vencido en la arena.


© Safe Creative
Inmaculada Jiménez Gamero



miércoles, 26 de febrero de 2014

REINADO DE LOS GIRASOLES




Podría morir en la mirada de la noche
para volver a nacer con la envoltura
de un día renovado de vestuario.
Ser la bella doncella del reinado de los girasoles,
colarme en la torre del castillo flotante
desde donde poder contemplar
como nace el rugido de mis fieros poemas.
Ser la heroína de ciencia ficción de Marvel
colada de amor por un hombre llamado Mundo.
Podría asomarme a todos los amaneceres amarillos
y del trigo espigado hacer un sueño de paz,
y un ramo de amapolas erguidas en la esperanza,
Escribir cartas apasionadas con el bic naranja
de una cordura momentánea, 
                                           incierta, 
                                               injustamente breve.



25 de Febrero de 2014
Inmaculada Jiménez Gamero
SafeCreative

  

martes, 18 de febrero de 2014

ESTÁS AL FINAL DE LA CALLE


Pasando por la calle de llovizna,
prohibido el duelo,
sin verte te veo.
Al final estás... aunque no estés,
el pino raro se estremece
tras el muro impávido,
las casas son las mismas,
la vida es diferente...
la traición del fin con su silencio.
Sólo unos huesos que descubro
que son míos
me hablan de ti.
Son los tuyos
los que se encierran tras la tapia…
Tú te encuentras
en la casa de mi cuerpo,
en la memoria agridulce,
en el principio de mi misma,
en eso que llaman ADN
y no tras los muros
de este cementerio
que está al final de la calle,
por donde me pesa pasar
porque siempre te encuentro.

SafeCreative
Inmaculada Jiménez Gamero

16 DE FEBRERO DE 2014