jueves, 8 de noviembre de 2012

TE DIRÍA


                        

Te diría un mar de palabras errantes
desde el agua salada de mis lágrimas,
aquellas cosas que no salen al encuentro
del sol naranja amaneciendo.

Te diría que hoy la tristeza me encontró,
y ya tenía tus ojos bordados sobre mí.

¿Será que el viento se llevó las nubes
y pude ver con brillo transparente,
el reflejo limpio que no existió antes
de encontrarme con la tibia madrugada?.  

Te diría que se contraen mis pupilas
cuando no tienen la luz de las tuyas,
y que desaparecen todas la corneas
en el amplio universo de la noche.

No veo estrellas, ni constelaciones.
No veo bombillas lejanas, ni su parpadeando.
No veo pecado ni tentaciones.
No veo la tierra madre amamantado.

Te diría un mar de palabras errantes…



Inmaculada Jiménez Gamero
3 de Noviembre de 2012

sábado, 3 de noviembre de 2012

ERÓTICA DEL POEMA



Dame la luz del paraíso
          con el batir de tus venas
                 dame el color del arco iris
                            en el aire caliente de tu aliento
                                                 despeina mis sentidos 
                                                        aprésame en tus besos.

En el vértigo del aire me deshaces
                    deslizando sin medida
                      el hechizo delirante del placer que triunfa
                             derritiendo el paladar
                                          que alcanza de puntillas
                                                     las nubes del mago tacto.

En mi piel te haces líquido
           de semen brillante de luna
                     y como gata te respondo
                            en el tejado del deleite
                                  desde el cobalto de la noche
                                                        ámame que soy de goce.
          


Inmaculada Jiménez Gamero
SafeCreative
3 de Noviembre de 2012

lunes, 29 de octubre de 2012

CALLES DE INCERTIDUMBRE




Prójimos caminando de un lado para otro,
con sueños de justicia se amamantan.
Charlatanes mirando escaparates de agonía,
cavernícolas sin cueva que lloran mares
sobre las calles humedecidas sin verdades,
donde a tiempos se celebran alegrías.
Encuentros famélicos de amistades perdidas,
esqueletos temblorosos en pies de esparto,
al cañón alcohólico del abandono
que rezuma uva vieja embotellada.
Carne muerta de seres que creen vivir,
gritos de niños desafiando al futuro,
biberones rotos que succionan desengaño,
son calles de incertidumbre.
Prostíbulos en la esquina vertida de orina,
maltratada esencia de la droga consumida,
lolitas sedientas de rosa riguroso
embelesadas en la noche que se avecina.
Niñas buenas, adolescentes rebeldes,
parados sin destino con la soga al cuello,
inmigrantes con la incerteza del porvenir,
abuelitas sin prisa por el camino de la despedida,
chulos sin nombre, con sombrero de Al capone,
son calles de incertidumbre.
Bullicio sordo con males compartidos
y adioses socorridos con el último beso.
Posos del café desventurado y amargo,                
sentencias de contenedores malolientes,
delitos encubiertos por la rapidez del pasante,
periódicos perfumados de crímenes esclarecidos,
son calles de incertidumbre.


Inmaculada Jiménez Gamero
SafeCreative
28 de Octubre de 2012
   

miércoles, 24 de octubre de 2012

TE RECUERDO SHUKA






A los pies de mi camino,
en el suelo de la vida,
con los ojos en la nada
y el olfato a la deriva.
Llegaste como la suerte
de quien no busca y encuentra.
Llegaste como una hoja,
como una porción de amor,
como un soplo de canela.
Llegaste con la misión
de sembrar la humanidad,
de jugar y de crecer,
junto al niño compañero,
el que lloró tu despedida
abrazándose a tu pelo,
resignado y sin consuelo.
Llegaste sin anunciarte,  
sacudiste un pedazo de mundo,
con tus pestañas de harina
y tú hocico negro y servil. 
Guardiana de puertas cerradas,
compañera de mis sombras,
mi dulce y noble amiga.
Tú y mi soledad conmigo,
nos despedimos las dos
de la experiencia compartida,
de los años regalados.
Siempre en mi corazón,
nunca en el olvido.

SafeCreative
Inmaculada Jiménez Gamero

domingo, 21 de octubre de 2012

EXHAUSTO




Exhausto de palabras mi corazón,
rendido al pensamiento
con la jaula de tus preguntas,
mi sangre tuya no tiene respuestas
y caigo en el precipicio de la impotencia.

Me asusta el futuro
y el sueño inverso
y huyo como escape de lamento,
a encontrarme con el muro de mi misma,
a encontrarme con mi corazón de nuevo.



Inmaculada Jiménez Gamero


viernes, 5 de octubre de 2012

NO SE PAGA CON DINERO




No se paga con dinero…
el balanceo alegre de tus pestañas,
el abuso de tu algarabía flotante,
el susurro de tus manos en las caricias
de los días tuyos y míos.
No se paga con dinero…
la felicidad en el verde de tus ojos,
tus palabras perfumadas de hierba,
y el estupor de tu mirada
haciendo acopio del goce de vivir. 
No se paga con dinero…
el paseo del mar entre tus dedos,
la melodía de tu risa sobre las olas,
la tibia tarde con luces de amor
en el lento suspirar de tus pulmones.
Ni el placer del rumor de tu compañía,
ni el latir acompasado de nuestros corazones,
ni el caminar placentero de pies festivos
al mismo ritmo alegre y latente.
No se paga con dinero, todo lo que yo te quiero.



04 de Octubre de 2012
Inmaculada Jiménez Gamero

miércoles, 3 de octubre de 2012

MIENTRAS VIVÍA



Mientras vivía…
he olvidado el reflejo de aquellos ojos
en el agua de la lluvia.
Apretados en el inconsciente
que se esconde temeroso
tras el vértigo del tiempo.
He olvidado lo inadvertido
y lo inverosímil
que transcurre deslizándose.
Mientras vivía…
he olvidado el susurro de aquellos labios
dibujados en el cristal
del tren sin destino.
El aliento empañando la tarde
que murió sin darse cuenta
poniendo fin a lo que nunca fue.


SafeCreative
Inmaculada Jiménez Gamero
5 Octubre 2012

sábado, 29 de septiembre de 2012

LLEGÓ EL AMOR




                                         
                                  Llegó por la tarde,
                                          era pequeño y delgado,
                                          se coló entre la gente
                                          que volvía de cualquier cosa.

                                          Dispuesto a colgar su sombrero,
                                          desapercibido,
                                          desprovisto de lo necesario.

                                          Por sorpresa,
                                          como salta el conejo de la chistera.

                                          Y se acomodó en los días,
                                          y ellos fueron su resorte.

                                          Hubieron mariposas,
                                          hubieron melodías,
                                          de amor,  y algún despecho,
                                          y acarició los pétalos de la piel deseada.

                                          Vivió las estaciones repetidas,
                                          sostuvo con  fuerza
                                          los momentos prisioneros…     
                                          durmiéndose,
                                          tras los besos noctámbulos.

                                          Por fin despertó en raíces             
                                          para convertirse en árbol.

                                          El amor llegó cuando quiso
                                          y fue una tarde improvisada,
                                          sin apariencia de gala,
                                          humilde como el viento
                                          se quedó para siempre,
                                          como se queda lo verdadero.



                                          Inmaculada Jiménez Gamero
                                                        01 de Septiembre de 2012

viernes, 28 de septiembre de 2012

ESA HORA



Esa hora en que la tarde se queda suspendida,
como un murciélago en la cueva de la pesadumbre.

Esa hora en que no existe el futuro,
y lo más lejano es el violeta del horizonte
hecho añicos de recuerdos descompasados.

Esa hora en que no soy mujer, ni tierra, ni elemento,
y mi alma en una burbuja de paz inviolable.

Dos pulmones que susurran al aire,
un pequeño corazón que encierro
en la quietud de la vida expectante
ante un escenario que mi retina paraliza.

Esa tarde quieta en el equilibrio de romperse por la luz,
la golondrina, el perfume inminente a dama de noche.

Esa tarde que se quiebra ante mis ojos,
peleando por dejar simiente en la memoria.

Esa tarde que se olvida de que existo,
cuando aparece en escena la luna del cuento,
la luna burlesca, la luna que agrieta la melancolía.


Inmaculada Jiménez Gamero
24 de Septiembre de 2012
SafeCretive

sábado, 22 de septiembre de 2012

POEMA DESDIBUJADO

Me muero justo cuando la noche aprieta, entre olas de lamentos molidos por estrellas, y cierro los ojos para no ver el violeta desapareciendo entre las montañas de mis penas. Y al pasar el barco fantasma y embustero se desvanece el olor a lluvia en el filo del mar, y se ondula mi pelo, y se pierde el enredo del ovillo de rostros que contiene el cerebro… del racimo de besos que guardé para ellos. Llegan las sombras de todos los momentos que viví sin medida, que gocé sin prudencia, quemándose la brújula que orientaba mi retorno. Ahora solo tengo el crujiente corazón latiendo y las espadas veloces cruzándose en el vuelo. Tertulias de ideas con mi mente serena y lúcida, voces confusas de locos que me conocen, arañando corajes, masticando soledades, senderos tardíos que conservo impecables, callejuelas bordadas con olor a polilla. Y se arman los folios de verdades, y muere conmigo cada palabra, cada estrofa dibujada con colores de luz amarga, untada de marchitos y rancios jazmines. Se va el alma en la fragancia que se deja tras el paso de la huella repetida, y así mi último latido se unirá a la madrugada, se unirá a más latidos deseosos de estar vivos, alejados, invisibles a la retina con vida que caminó mis caminos solitarios, desapercibidos, que modificó mis tardes y mis días, teniendo un poema desfigurado entre sus manos.


Inmaculada Jiménez Gamero
19 de Septiembre de 2012

viernes, 20 de julio de 2012

DETRÁS DE LA MUERTE


Detrás de la muerte
quedaran las telas bordadas
suspirando en los cajones
decorados de violetas africanas.
Aquella caja de hojalata
resguardando notas de amor imperecedero
y recuerdos de amistad adormecida.
Quedará la ropa con olor a pasado
de limones y naranjas machacada.
El armario sumido de dolor
resistiéndose a poner de par en par
las puertas abiertas del ayer
con sus risas de citas compartidas.
Quedaran los momentos compañeros
al calor del café reverenciado,
las cosas pequeñas, diminutas,
de lo que fuimos en ésta dimensión.
Fotografías jubiladas,  libros amarillos,
alguna joya deslucida,
el reloj quieto en la hora punta.
Quedará el contagioso sol de la mañana
desperezándose, buscando la luz
de los ojos cuando aún vivían.

Inmaculada Jiménez Gamero
7 de Febrero de 2012
SafeCreative








miércoles, 18 de julio de 2012

AMANECE




Amanece,
cae la última y desvanecida gota
del río de lágrimas que siguió su curso.
Aquella que se despidió ausente
desde el lagrimal perdido del alba.
Aquella que abrochó los negros ojos
con el puñal ciego de la injusta madrugada.
Aquella que borró la ínfima luz lejana,
y permitió la desaparición del alma.
Amanece con un murmullo lejano de gritos,
sobre la caverna de porcelana herida,
sobre el horizonte sospechoso de sangre.
Tiñendo lento el sueño y la muerte,
galopando sobre rojos albatros de veneno,
masacrando la paz de la herida profunda.
Ya todos los genios de oriente me olvidaron,
me dejaron la lámpara sin deseo añorado.
Ya no se si encontraré el camino,
o seguiré a tientas con el corazón perdido.

Inmaculada Jiménez Gamero



sábado, 30 de junio de 2012

THAMAR



(Relato del ensayo: "Qué es la guerra para un niño").




Thamar permanecía tendido en aquella especie de cama levantada sobre montones de runas, y cubierta de tablones de madera roídos por el tiempo.  Absorto, inerte y agarrotado, su cuerpo no era más que un manojo de huesos  desamparados. Miraba al techo columpiando sus ojos de un lado para otro, intentando dormir a pesar de la turbación y del frío que sentía. 

La oscuridad invadía todo lo que quedaba de casa, sólo podía distinguir pequeñas entradas de luz de las únicas bombillas que llegaban de una gasolinera abandonada. Su hermana Judea dormía a su lado y su lenta respiración lo tranquilizaban, pero su mente volvía a preguntarse una y mil veces por su padre.  Habían pasado siete noches y siete días, y no había vuelto.
… -¿Por qué no regresaba?-,  se preguntaba continuamente.
No quería perderlo como ya había perdido a su madre.  
Lo vio partir cuando todavía no había amanecido, y poniéndose los dedos en los labios le indicó que no despertase a su hermana.   
-Volveré con alimentos, cuida de Judea-.  Le dijo.

Su padre se dedicaba al contrabando, a través de los túneles entre Gaza y Egipto.  Cargaba pesados bultos que le tenían rota la espalda, pero  no había otro  trabajo del que subsistir. Dependía de él mientras existiese el bloqueo que tenía a miles de personas sumidas en la nada, y dependiendo de ayudas internacionales.
Muchas veces le había oído hablar en voz baja, pensativo, como queriendo alcanzar a ver el futuro, escrutando sus ojos y poniéndolos en el vasto horizonte que se divisaba tras la ventana.
-Este trabajo es criminal,  nadie debería hacerlo, es cavar tu propia tumba. Mientras cavas, el túnel podría desmoronarse en cualquier momento y matarte, pero es nuestra única forma de vida, vivimos en guerra y moriremos en guerra-.   Se lamentaba.

Le dolía el estómago, el dolor le apretaba hacía esternón y le llegaba hasta el intestino, intentaba recordar desde cuando no comía y le parecía oler el arroz con berenjenas que su madre preparaba.
Recordó que su hermana había encontrado dátiles caídos, la tarde que salieron a jugar por las tierras que su padre poseía, y que le fueron arrasadas.
El recuerdo del sabor a dátil le llenó la boca de saliva dulce que tragó rememorando lo deliciosos que eran aquellos frutos. También le pareció masticar el pan de pita que quedó en la cocina, pero de eso ya habían pasado muchos días, tantos como rayas en la pared, que hacía cada vez que desde su ventana veía ocultarse el sol.   
Quería gritar de impotencia por no tener nada que llevarse a la boca, pero advirtió que sentía más dolor y decidió estarse muy quieto, de todos modos nada podía hacer. Se sentía débil y cansado,  su memoria se fue nublando de pura debilidad hasta que el sueño lo venció.

La que había sido una casa alegre, llena de jarapas multicolores, hoy eran  paredes desconchadas y restos de cemento caídos.
Aquella mañana dejaron su futuro devastado cuando unas excavadoras destruyeron la aldea. Los vecinos corrieron a defender sus hogares, las casas que tanto les habían costado construir, pero los soldados les atacaron con gas. Todo valía con tal de expulsar a la población y hacerles cada vez más débiles.
Desde entonces todos huyeron, pero su padre decidió que la familia debía de quedarse en el que había sido su hogar y del que solo había quedado una parte donde refugiarse.

Despertó por el estruendo de una bomba, se tapó los oídos fuertemente con las manos, después se abrazó a Judea, los dos tiritaban y temblaban de miedo.  Las bombas causaban un ruido ensordecedor, hueco y al mismo tiempo estridente. El ruido atronador entraba en su cabeza, retumbaba su pequeño cuerpo,  sacudía y resonaba en su pecho.  Él sabía que estaban en guerra, se lo había explicado su madre.
Le dijo que la guerra era la soberbia de los estúpidos.
Recordó con horror la imagen de su madre abatida en el suelo, su cuerpo inerte con la mano extendida hacia ellos. Caminaban por una calle de la ciudad y a pocos metros cayó por los disparos, mientras que él, su hermana y sus tíos se agacharon para protegerse.

Se acurrucó para aliviarse, para protegerse del pánico de aquellos recuerdos que lo sacudían, y que aferrados a su memoria, persistían y persistían, no pudiendo olvidarlos de ningún modo.
Desde entonces odiaba a los enemigos,  quería que murieran todos.
Atenazado se preguntaba. ¿Por qué querían hacerles daño?
Se acercó más a su hermana pequeña que con un hilo de voz susurraba,
- Tengo miedo Thamar, tengo miedo- 
-No pienses… no pienses, mañana será mejor-. Le contestaba.

Intentó fortalecerse con el espíritu de su madre que le decía…
…Tienes que confiar en el mañana Thamar, tu nombre significa palmera, las palmeras son fuertes y ni el más grande de los vientos puede doblegarlas…
Las lágrimas brotaban de sus ojos, deslizándose continuamente. Frotaba el líquido con sus manos por el contorno de su cara, y hasta su boca llegaba la humedad salada de aquellos ríos de dolor. Acordándose de las palabras de su padre, que le contaba muchas cosas sobre el mar de los tiempos en los que había sido pescador.  
…Cuando cae la lluvia sobre la tierra, ésta arrastra las sales y otros minerales hasta los océanos y mares, por eso sus aguas son saladas…- 
Qué bueno sería tener el agua del mar en su cara, algún día le  gustaría verlo y tocarlo,  correr con Judea y sus primos, salpicarse entre ellos, reír y jugar felices.
Algún día iría muy lejos, donde nadie pudiese encontrarlo, donde no tener que esconderse.  Entre sueños y preñado de ilusiones, se veía a sí mismo caminando sin descanso, con ropa andrajosa y  atravesando un desierto polvoriento. Con los pies doloridos, pero la voluntad firme de llegar a algún  lugar donde no existiese la guerra. 

Lo encontraron moribundo unos miembros de la Organización de Naciones Unidas. Permanecía deshidratado en el mismo camastro donde yacía después de muchos días.  Junto a él,  el diminuto cuerpo sin vida de su hermana asida a la ropa de Thamar, como resistiéndose a perderlo.
Después de muchos meses no pudieron diagnosticar la enfermedad que padecía.  No hablaba,  trazaba dibujos de colores en las paredes, donde siempre aparecía una niña y un nombre, “Judea”.  Eran sus inagotables gestos de resistencia, venciendo a la fragilidad de su ser.
Alguien dijo que fue un designio divino hallarlo con vida, otros dijeron que unas horas más tarde, y habría muerto. Todos coincidían que fue un superviviente más de los muchos niños que padecen el drama de la guerra.

12 de Enero de 2012

Inmaculada Jiménez Gamero


jueves, 28 de junio de 2012

TESTAMENTO VITAL



Dejo los paisajes que vi
Para la luz de aquellos ojos viajeros
Y aquella quietud de las tardes desmayadas                                   
Al caminante sin rumbo
Que forzó su amargo destino
El paseo del mar en la piel salada
A las sirenas de ciudad
Que visitan la playa con luna
Dejo el silbar del viento entre montañas
A los que amen la atolondrada búsqueda
Por los confines del alma desconocida
La humildad de la piedra  
O de la hoja empobrecida
A los que tuvieron fortuna en su camino
El sol del amanecer que gozo y amo
A la piel que se nutra de poesía
La pasión del atardecer
Con sus colores de telas volando al viento
Para quien ejerza el verbo amar sin condiciones
Y los campos de amapolas salvajes
A quienes quieran encontrarme
Cuando mi llama se apague para siempre.



Inmaculada Jiménez Gamero
14 de Abril de 2012

miércoles, 13 de junio de 2012

QUÉ DIRÁN LOS LIBROS

Qué dirán los libros abandonados,
enfermos, olvidados en rincones absolutos.
Aquellos que nunca fueron leídos
por ninguna pupila curiosa.

Qué dirán los libros maltratados
de lomos lacerados por el viento,
cuyas tapas inexistentes
aún gritan desde sus cenizas.

Los que escritos por amor
conservan el alma exhausta
en el atril de la muerte,
mientras la lágrima vertida en el papel
ahoga los sueños impresos.

Qué dirán los que nunca contemplaron
la estantería, ni el mimo.

Los que se cerraron para siempre
y desean ser ojeados por el abismo.
Los que susurran su propio nombre
para ser escuchados en vano,
añejos de muerte.

Los que nunca compartieron un café
entre manos amorosas,
ni fueron perfumados a placer
por la estación que les mecía.
  
Los que supuran bilis amarilla,
humor del estómago sucio
o hiel amarga de la vida.

Qué dirán los embusteros
que narraron mentiras asesinas.
Los que pulieron la farsa como estrategia,
los que nunca conocieron la luz del día
porque no debieron  existir,
ni hacer honor a mascaradas.

Qué dirán los que buscan salir del cascarón
como tímidos pollitos a la luz de la luna,
ansiosos de sentir el calor del sol
como única fortuna.

Qué dirán los libros que piden nacer
y tener la oportunidad de ser queridos.


Inmaculada Jiménez Gamero