martes, 9 de junio de 2020

"PALABRAS COMO VÉRTEBRAS" DE AMANDA GAMERO, RESEÑA/PRESENTACIÓN EN EL LABERINTO DE ARIADNA.


 Ediciones Oblicuas. ISBN 978-84-17709-67-9

 



Recordando el 14 de Febrero, día de los enamorados y presentación de "Palabras como vértebras".


Bienvenida

Buenas tardes, amigos,  bona tarda, amics, socis, sòcies d’El Laberinto de Ariadna.

Hoy vamos a tener una tertulia poética muy “vertebrada”, ya que Amanda Gamero nos viene a presentar su ópera prima, el poemario, Palabras como vértebras, editado por Ediciones Oblicuas, dentro de su colección Alejandría Poesía. Un nombre el de esta colección que nos remite a un pasado clásico, a principios de armonía y equilibrio.

Y es que en la publicación de este libro parecen haberse conjugado los elementos: los que propiamente constituyen la obra y los circunstanciales -pero imprescindibles, porque hacen posible su edición−, para otorgar a este primer poemario de Amanda Gamero el carácter de elegancia impecable que tiene.

 

Semblanza biográfica:

Hoy damos la bienvenida a Amanda Gamero, nombre de pluma, que es el seudónimo de Inma Jiménez Gamero. Y todos los que hemos tratado a Inma -amiga y socia de El Laberinto desde hace años− conocemos su generosidad, su simpatía y su distinción natural. No obstante, hoy vamos a centrarnos en Amanda, con el permiso de Inma.

De Amanda podemos decir que es escritora vocacional y desde que tiene uso de razón va siempre con una libreta y un boli a mano, por lo que pueda pasar, aunque las nuevas tecnologías hayan incorporado el móvil a su utillaje de escritora.

 

Concepto de poesía:

Y es que para Amanda Gamero la literatura es y ha sido para ella una vía de escape, una manera de ampliar horizontes, de alcanzar otras percepciones, como ella misma dice, y muy bien, en su poema “Si supiese decir”, de Palabras como vértebras:

Si supiese decir

lo que siento,

diría caracola,

albatros,

justicia,

azul de paz,

venas de agua,

mar y espuma.

Un jilguero canta

en las caricias,

allí, suceden los versos.

Este poema contiene una estupenda definición de poesía, de la poesía tal y como la entiende Amanda, declaradamente lírica, porque nada mejor que el lenguaje poético de cada autor para explicar su propia obra.

 

Currículum literario

En cuanto al currículum de Amanda Gamero, podemos decir que Palabras como vértebras es su primer poemario, pero en 2014 ganó el primer premio del certamen poético “El Semillero Azul” y ha participado en diferentes antologías de la editorial Playa de Ákaba y Absolem Oruga Azul.

Aparte de poeta, es autora de relatos y miembro del Club Marina, un colectivo de escritores que ha publicado ya las colecciones de relatos tituladas: Los días lábiles (2016) y Lo demás son ciudades (2019).

Habitualmente también escribe en sus blogs: Te recuerdo Amanda y en Escritoras viajeras, en este último junto a otras escritoras.

  

La poesía de Amanda Gamero

He de reconocer que presentar Palabras como vértebras, me ha dado la oportunidad de acercarme de verdad a la poesía de Amanda Gamero, que, todo hay que decirlo, solo conocía por algún poema suelto que nos había recitado en las sesiones de micrófono abierto y por algún otro sitio en la red, pero, en cualquier caso, no dejaba de ser un conocimiento muy somero sobre su trabajo.

Por tanto, soy totalmente sincera cuando digo que la poesía de Amanda Gamero me ha sorprendido, y mucho, porque en los poemas de Palabras como vértebras me he hallado con versos llenos de ímpetu, con metáforas brillantes, contenidos en versos cuidadosamente dispuestos. Y no porque formalmente estos versos se atengan a una métrica -ya que la poesía de Amanda Gamero sigue el esquema del verso libre−, sino porque en ellos es palpable su atención al detalle, a la palabra precisa, a la creación de un poema donde forma y fondo se entrelazan para formar un todo interconectado entre sí. Como debe ser en la buena poesía.

Hace algún tiempo, Mónica Ivulich (quien hoy, desgraciadamente, ya no está entre nosotros) hizo una entrevista a Amanda Gamero para su blog. En ella queda patente cómo la aspiración de Amanda es trascender con palabras la realidad más inmediata. De hecho, nuestra tertulia lleva por título: “Lejos del lenguaje cotidiano” tal como Amanda define la expresión poética. 

Y a esto yo añado que para conseguirlo es necesario utilizar estas palabras, el lenguaje poético con pericia, con la precisión de un cirujano que conoce su materia prima, que sabe por dónde cortar, cómo restañar la palabra herida y en qué lugar debe coserse ese verso, sin que se advierta el pespunte, sino que el resultado tenga el primor de una labor; acabe formando un paisaje sugerente, lleno de evocaciones, tal y como sucede en este poema que nos habla también de costuras:

Siempre escuché hablar a mi madre

de costuras y pespuntes.

Ella cosía con su Singer

y la tarde se vestía de luna.

Yo odiaba a la aguja enrabietada

por temor a que cogiera sus dedos.

Mi madre, sin querer,

no me hizo libre;

me sostuvo entre hilos

y enjambres de telas.

Desde la buhardilla del ático,

observatorio de mi utopía,

lanzaba el alma a las estrellas,

dintel de un firmamento rebelde.

Nueva York, Boston,

tambores de libertad,

Walt Whitman en todas las hojas del otoño.

-Mi madre ya no cose, y hoy me pregunta

si existe la eternidad detrás de alguna ventana−.

 

‘Palabras como vértebras’

Centrándome en el poemario que hoy presentamos, Palabras como vértebras, en su estructura y composición, debo decir que Amanda Gamero ha seguido un esquema basado en los cuatro elementos: aire, tierra, agua y fuego, en este orden. De acuerdo con este principio, con las cualidades que a estos elementos otorgó Paracelso en el siglo XVI -una teoría que se ha vuelto recurrente- Amanda  organiza su poemario.

Preliminares

Previamente, sin embargo, encontramos un preludio (escrito por la autora) y una cita de Walt Whitman (extraída de su poemario-emblema Hojas de hierba). Ambos textos nos preparan para el contenido que viene después.

En la cita de Whitman se habla de los cuatro elementos, que la autora ha utilizado como hilo conductor para estructurar su libro, al mismo tiempo que se alude al valor de la palabra.

Y, a modo de epílogo, leemos al final del poemario un texto de Felipe Sérvulo, titulado “¿Palabras?”, en el que se hace hincapié en la “verdad” de la poesía de Amanda. En opinión de Felipe, es una poesía que “prevalece en los rincones”. También este epílogo habla de “sencillez” y de poesía para compartir. Y que son las palabras las que aguantan la estructura de la vida, concepto muy importante que justifica el título del poemario y que yo comparto.

Algo destacable en Palabras como vértebras, es cómo cada apartado va precedido de una cita que explica, anticipa de algún modo, lo que viene después.

1)  En su primera parte, el aire, el título es: “Del aire y las ideas”, y va precedida por una cita de María Zambrano, Doña María Zambrano, como la llamaba Camilo José Cela. Una cita reveladora del pensamiento poético de Amanda.

Aquí nos encontramos el primer poema, el que da título al poemario, con el que comparte título, en el cual advertimos una evolución: del estado de la materia: “Solo la piel me dice que estoy aquí”, se va evolucionando hacia un estado de introspección que acaba ahondando en el interior de la poeta, para acabar con el verso que nos cuenta: “Me encierro en mí que soy mi casa, / llego hasta el alma de este desierto / y encuentro palabras como vértebras.”

En general, en los poemas de esta primera parte abundan las flores, los animales (insectos, murciélagos, ratones). Pero también hacen acto de presencia la luna, los astros, en un discurso existencial que plantea el antagonismo entre el ideal al que aspira la poeta y la realidad: “No hay distancias en el cruce / de dos direcciones opuestas.”

Un cierto tono onírico, misterioso, envuelve esta poesía, con acento surrealista:

 

Subir en avión un día transparente

que las nubes tengan forma de arteria,

y que alas gigantes,

blancas y amarillas,

crucen ese azul,

que bien pudiera ser el de tus ojos.

 

2)  La segunda parte corresponde a la tierra y se titula: “Heredamos la tierra”. Va precedida de una cita de Miguel Hernández.

La presencia de la muerte es constante en esta segunda parte, también el recuerdo y la añoranza de los seres queridos: el padre, la madre, la mascota Shuka (poema “Shuka”, pág. 52).

La desazón vital alcanza a toda la humanidad, y Amanda se solidariza con los muertos de Nepal, de Siria, donde la guerra produce devastación. Aparece recurrentemente una preocupación social que la apega a esa “tierra” a la que alude el título de esta parte. La desesperación impregna la voz poética y clama por la injusticia y la impunidad en que nos vemos sumidos, como queda patente en este fragmento del poema “Nepal medita muerte” (pág. 54):

           

 

            Las casas son bocas que mastican muerte…

            mientras mueren y siguen muriendo;

            los muertos lejanos,

            que antes de morir ya lo estaban.

Me gusta y me parece tremendamente eficaz el modo en que Amanda resuelve poéticamente lo terrible de la situación, mediante esa paradoja, que contiene la incongruencia temporal de “morir lo que ya estaba muerto” y que nos obliga a reflexionar.

Para mí este tipo de recursos poéticos (la paradoja, la antítesis) es uno de los aciertos de su poesía, no solo por la intensidad lírica que aportan, sino por la profundidad y el acento de misterio que transmiten a sus versos.

 

3)  La tercera parte, la del agua, se titula “El agua que se escapa”, y esta vez va precedida de una cita de Gloria Fuertes, que incita a la acción poética: “Poetas, no perdamos el tiempo, trabajemos, que al corazón le llega poca sangre.”

 Sin embargo, esta es la sección del dolor: lágrimas, tristeza, incluso angustia. Andanadas de pena con H2O. Unas veces es el yo poético quien se expresa; en otras ocasiones se alude a terceras personas, pero con igual carga emotiva. Predomina la melancolía, no complaciente, no conformista, sino una tristeza que arrasa el yo poético, en profundo desacuerdo existencial.

Destaco el poema que abre este apartado, titulado “Séptimo intento de suicidio”, que, además, va con dedicatoria (pág. 65). Estremece por la historia que narra: “¿Qué te cuento que no duela / mientras acaricio tu pelo negro” y más tarde: ”-Solo fue uno entre siete intentos-“

 

4)  La cuarta y última parte es la dedicada al fuego. Su título es: “Esencia del fuego”, precedida de una cita de Pablo Neruda, con sentido panteísta.

A modo de colofón, el fuego inflama los versos de Amanda. Hay amor, pasión, recuerdos encendidos: “Soy la bruja buena del aquelarre de tus labios” (“Aquelarre de tus labios”, pág. 91).

No obstante, este mismo fuego que arrebata de felicidad al yo poético, es también comburente para las elegías con las que cierra el poemario: “Apodemia” e “Inmanente a los dos”, dedicados a Mónica Ivulich y Enrique Clarós, respectivamente.

Nuevamente, en el poemario, y en esta cuarta y última parte, lo antagónico hace acto de presencia, y del amor pasamos a la desolación.

 

 

Conclusión:

Quizás el mensaje final de Palabras como vértebras quiera expresar cómo nuestra vida transcurre sobre una delgada línea que nos eleva al aire o nos incendia (para bien o para mal), y que al final sea la palabra, en su función de columna vertebral, la que nos mantenga en pie.

Creo que para Amanda Gamero así es.

Los elementos que tradicionalmente constituyen la “vida” están presentes en estas Palabras como vértebras, y seguir el curso de sus versos es adentrarse en su alma. 

Yo os recomiendo su lectura, y aplaudo la sincera emoción de todo el poemario, así como la creatividad, hondura y originalidad de su obra.

 

          Dolors Fernández 
Presidenta de El Laberinto de Ariadna 

jueves, 9 de enero de 2020

RESEÑA DE PALABRAS COMO VÉRTEBRAS (ED. OBLICUAS). Publicado por Mercedes Gascón en la Revista Poémame.


                                                                                                                                                                                     

Palabras que se engarzan como vértebras que conforman esa invisible columna vertebral que nos sustenta, que nos conforma.
El poemario está estructurado en cuatro partes, correspondientes a los cuatro elementos, y que se inician con una cita de un poeta: María Zambrano para el aire, Miguel Hernández para la tierra, Gloria Fuertes para el agua y Pablo Neruda para el fuego.
AIRE: contiene los poemas más intimistas, de reflexión sobre ella misma y que rezuman un cierto dolor existencial.
TIERRA: como dadora vida y receptora de muerte. Nos habla la autora aquí de las raíces, de la familia, de la amistad; también de esa muerte que
trasciende la vivencia personal: las guerras, las personas desarraigadas…

AGUA: donde se hace más patente la presencia nombrada del elemento. Lágrimas, escarcha, rocío, lluvia, lago, río, burbuja, sobre todo lágrimas…
La tristeza mayor, que contrasta con la cita de Gloria Fuertes: “ Poetas, no perdamos tiempo, que al corazón le llega poca sangre”. Pero ese contraste está en la personalidad de Amanda, mujer de acción, capaz de todas las organizaciones y en quien se vislumbra el deje de un poso esencial de
tristeza.

FUEGO: encontramos en estos poemas el amor más pasional, el más disfrutado.
La poesía de esta autora es clara, directa muchas veces, pero otras se va por los caminos de esa poesía pura de la que habla la cita de María Zambrano, esa poesía que constituye otra forma distinta de comunicación, la única radicalmente verdadera, que utiliza las palabras, sí, pero en la que el
lenguaje se aparta del orden lógico del pensamiento racional y de su capacidad de engaño. A veces es una imagen:

“… el silencio es un árbol
y pone en mis manos manzanas verdes.”
“Los ojos sin techo se reflejan
en un horizonte de luces endiabladas.”

Para seguir leyendo  https://revista.poemame.com/2020/01/06/palabras-como-vertebras-de-amanda-gamero-ed-oblicuas/?fbclid=IwAR3H8NkrDl5ExgwE_i_RTuiI9QZVgb_WE1r2hFgu08kPQCEHsjy

martes, 10 de diciembre de 2019

PALABRAS COMO VÉRTEBRAS

    
El día cuatro amaneció muy lluvioso y no aminoró, no, todo lo contrario, fue en aumento. A medida que se acercaba la hora, más llovía. Ya era consciente del peso del agua en mi poemario. Mercedes también me lo recordó por la mañana, justo cuando parecía que en cualquier momento dejaría de llover. —Es curioso, quería hacer bastante hincapié en la tercera parte de tu poemario, El agua que se escapa, creo que tiene mucha importancia en el conjunto...con este día parecerá un chiste —dijo ella, casi sin querer pronunciarlo.  Y así lo hizo, tal como me había dicho por la mañana. Y mientras lo exponía con la brillantez de saberse las lecciones, sobre todo las de la vida cuando llueve, aún llegaban amigos y familiares mojados sin compasión. 
    La entrada de la biblioteca Gòtic-Andreu Nin de La Rambla era una gran antesala de paraguas de colores limpios. El suelo resbaladizo brillaba. 
El agua es purificadora, limpia y nutre, como los ríos vibra por la corriente de los sentimientos. El agua es vida que vive. 
    Mercedes Gascón Bernal y Margarita Espuña presentaron Palabras como vértebras, mis dos mañas como yo las llamo. Mujeres fuertes mis amigas, como las mujeres de Aragón (ahí siempre me encontraréis: impulsando los referentes femeninos). La primera lo hizo desde la parte más literaria y como poeta, la segunda introdujo ciencia y poesía girando alrededor del conocimiento. Y ahí estaba yo, con mi cabeza en el cristal y en el aguaceros; en los que acudían tarde, en los que no llegaban a tiempo, en los no pudieron llegar, y en Palabras como vértebras, pero ahí ya hacía muchos años que me resguardaba.   
    Todo pareció real, las palabras pudieron con el vértigo y un equilibrio de ficción sostuvo mis vértebras entre la espalda y el pecho, entre el sentido de la vida y de los afectos. 

    Gracias a la Biblioteca Gòtic Andre-Nin por la acogida, a Alberto Trinidad y a Ediciones Oblicuas por creer en mi, a Mercedes Gascón y a Margarita Espuña por la presentación de la amistad y la poesía, a Felipe Sérvulo por ¿Palabras? y por todo lo que encierra la pregunta. A Mar Montilla por regalarme lo mejor de ella; a mis amigas de la infancia y hasta siempre, a Club Marina por salvarme del hundimiento, a mi familia porque gracias a ellos soy este ordenado desorden, a mis rubias y a los jueves de terapia. A la amistad sin fronteras, a los amigos de tus amigos porque también ellos son mis amig@s, a Aunando Artes y a Ceci Rodríguez por la hermandad, a Escritoras viajeras por acompañarme en la aventura de dar voz a las mujeres en la literatura y a través del mundo. A Enrique Clarós porque encabeza uno de mis poemas con una de sus obsesiones, a mi gran amiga y maestra Mónica Ivulich porque gracias a ella entendí, como Apodemia, que debo seguir con la compañía de quienes llegarán. Por último a todos los que me escribieron desde muchas partes, y que fueron tantos que no pude responder hasta bien pasada la tarde del jueves. 

















 

   

domingo, 28 de abril de 2019

CLUB MARINA (COLECTIVO DE ESCRITORES): PRESENTACIÓN Y BOOKTRAILER LO DEMÁS SON CIUDADES


CLUB MARINA (COLECTIVO DE ESCRITORES): PRESENTACIÓN Y BOOKTRAILER LO DEMÁS SON CIUDADES: Club Marina y Ediciones Oblicuas tiene el placer de invitarles a la presentación de Lo demás son ciudades , la nueva antología de rel...

Las ciudades, además de cemento y acero, están construidas también con materiales intangibles como los recuerdos y las emociones de quienes las habitan. Los lugares elegidos se presentan como territorios de tránsito, con personajes que viajan o que permanecen pero que de un modo u otro se transforman en la interacción con el espacio.
Cada uno de los cuentos es un fragmento de vida donde las experiencias y los deseos señalan en el mapa de la memoria espacios que quizá ya no existen, si es que acaso existieron alguna vez.
Los protagonistas de los relatos son, de alguna manera, transeúntes en alguna ciudad. Y Max es el personaje metamórfico que habita en todas. Presente en cada relato con una identidad diferente, nos muestra las aristas, las dobleces y la impostura del ser humano.


martes, 27 de marzo de 2018

RESEÑA DE "LA SENTENCIA DE ISMAEL" DEL LIBRO "LOS DÍAS LÁBILES", POR EMILIA MARCANO QUIJADA.


DEPÓSITO LEGAL B 3.919-2016   ISBN:978-84-945156-1-3


Buenos días. 
Cuando, por esas cosas de la amistad y el cariño, nos disponemos a opinar sobre el escrito, cuento, poema o relato de un buen amigo, somos por lo general, indulgentes. Hoy, me atrevo a no serlo, después de leer varias veces LA SENTENCIA DE ISMAEL escrito por Amanda Gamero, que forma parte del libro LOS DÍAS LÁBILES del Club Marina, de Barcelona, Cataluña.

¿Por qué no puedo, en virtud del afecto y respeto que siento por mi amiga Inmaculada (Amanda Gamero), desbordarme en elogios ante su técnica narrativa y destacar en mayor medida EL CONFLICTO que despertó en mí un relato donde el suicidio, buscado y merecido de Ismael, que decide morir -vinculado a una red de narcotráfico, están por echarle el guante- es el marco de una historia mil veces vista y escrita en nuestro día a día, pero pocas veces "sentida", como lo transmite Inma?. 
Cada lector se lleva algo personal en las historias que lee, yo me llevo la vida y por eso quedé pegada a la historia. Lo explicaré a mi modo.
Dos cosas resaltan del relato y son su columna vertebral: la muerte y el fracaso. Ni siquiera el amor de Carmen, su esposa, es aliciente que demore en Ismael su decisión. El ejercicio literario no está para hacer juicios de ninguna clase sobre morir, evadir o justificar; solo expone el hecho. Ismael está contra la pared: lo veo pagando por sus delitos, lo veo bajo el cerco de la justicia sin otra salida que morir. Este es el hecho cierto y nada más se sobrepone o interfiere en esta sentencia. Muy bien puesto el titulo, como anillo al dedo. 
Pero, y aquí comienza mi conflicto: el momento en que Ismael se ahorca, ¿no resume en segundos la sentencia de toda una vida?. La tráquea se rompe, él lo siente; lo sufre en fracciones de segundos eternos. La descriptiva del momento en que el cuello del protagonista cede y el ahogo que le empuja a la muerte es tal que hasta yo lo sentí en mi garganta, me impactó, pero también me dejó frustrada -recordé todas esas ocasiones en que traté de matarme y no pude- fracaso total, pues sigo viva. La muerte de Ismael y su suicidio, su escape a la justicia de los hombres y al amor de Carmen, que sufre a largo plazo y no se explica lo que para mí es muy claro, fue un éxito absoluto, quizá el único de toda su vida. Ismael me recuerda a esos seres que creen sabérselas todas, que viven del delito y solo buscan escapar cuando los pillan. Así evitan que llegue hasta ellos el cerco de la justicia, no soportarían tal confrontación, no va con la naturaleza de quién apostó mal y se paga a sí mismo con la impunidad que les otorga la muerte. 

En este análisis me he puesto muy moralista y proyecto mucho, lo asumo -como lectora es lo que me ha dejado, aparte de una gran lección de vida- este relato me ha hecho "sentir" el momento de morir a nivel físico, si bien he estado en circunstancias parecidas, tenía tiempo sin experimentar ese momento en que sabemos que no hay vuelta atrás, y todo es dolor y ojos desorbitados en fracciones de segundos que duran un siglo. Me dolió de veras.
Odio a Ismael, -el relato me devastó- no he podido evitar ver mucho de mí en este personaje de mi amiga Inmaculada Jiménez Gamero, que me hace confrontar su noción deforme de lo que es éxito y fracaso, avance y retroceso, acción e inercia. El golazo de Ismael me llevó a otros días, pero me hizo suspirar de alivio ante mi fracaso al querer morir y con ello, no sentir más dolor, escapar del juicio y la carga de verdades que me escupió la vida. En eso mi fracaso fue TOTAL.
Gracias por escribir, querida Inma. Has alborotado cientos de recuerdos, pero también haces que siga mi proceso de reconciliación; me has dado la gran alegría de leerte y comprobar que hay sentencias que debemos postergar y luchar por lavarnos la cara y la existencia. El fracaso de no morir es el triunfo más grande de toda mi vida. Como lectora, te doy las gracias por este regalo que hoy me llevo de tus manos, tus historias y tu deber ser, hecho literatura.

Emilia Marcano Quijada.



sábado, 17 de febrero de 2018

UN CÁNCER EN FA BEMOL MAYOR


La generosidad es una característica de las personas que fácilmente crean confianza y que tienen una buena salud mental. Algo parecido pensé cuando ella me ofreció su libro, Un cáncer en fa bemol mayor. Al mismo tiempo y mientras miraba la portada, sorprendida por el inesperado obsequio, quise comprender lo llamativo de su título, intentando asociar la enfermedad con una partitura. 

Tengo las mínimas nociones de solfeo pero he podido constatar, como dice María José Voltes que; fa bemol mayor no existe, al menos en la escala musical convencional, bemol aparece en una partitura como una alteración accidental, y esta alteración afectará a todas las notas de su misma línea. 

Dicho esto es fácil deducir que el título de su libro es una metáfora que, aunque nada común, es de una profunda sutileza. María José Voltes vive su enfermedad como vive la música clásica, cada capítulo es un concierto de su estado de ánimo. Mozart, Johannes Brahns, Chopin, por citar tres de los once grandes compositores que enuncia, demuestran el dominio y conocimiento que tiene la autora sobre dicho género. Cuenta su experiencia con los silencios que la música requiere para transmitir sensaciones. 

Once partes, once compositores; y las palabras, diosas de la sabiduría, hilvanando el dolor y la superación personal de una mujer que ha plantado cara al cáncer y ha resultado vencedora. 

Amanda Gamero





domingo, 5 de noviembre de 2017

SI SUPIESE



Si supiese decir

lo que siento;

diría caracola,

albatros,

justicia,

azul de paz,

mar y espuma,

venas de agua.

Un jilguero canta  

en mi cabeza;

algo hago

algo amo

algo espero.


Amanda Gamero
5 de Noviembre de 2017
SafeCretive
           



lunes, 9 de octubre de 2017

ABRAZO ENTRE POETAS


Cuando te abraza un poeta
la gramática de la piel se extiende,
se abrazan también los árboles
entre el susurrar milenario de la tierra
que regresa a la memoria
de la niñez que tuvimos.
Vertebras de hilo son las palabras
en un infinito molecular presente,
sintagmas que transforman la lejanía

entre puertas cerradas que se abren. 

(Dedicado a todos los poetas y muy especialmente a Emilia Marcano Quijada)


Amanda Gamero
SafeCreative


Cuando te abraza un poeta
el cielo se achica, se contrae,
los ángulos y vértices del cosmos
se agrietan; de ellos fluye
una suerte de susurro, de trinos musicales
que riegan con sus notas,
tierra, piel y tiempo.
Cuando te besa un poeta,
dejas de existir,
y te transformas en manos,
dedos, calma, letras,
hijas del silencio,
sueños hechos realidad.

Emilia Marcano Quijada